Demencia senil: síntomas, etapas y tratamientos

La gente vive más y eso es una gran noticia. Sin embargo, el envejecimiento de la población genera nuevas necesidades y una mayor atención, especialmente en lo que respecta a la salud. Todo el mundo quiere entrar bien en la Tercera Edad, y más que eso, permanecer bien a lo largo de los años. Sin embargo, este no es siempre el caso.

La demencia senil, por ejemplo, puede hacer que el anciano pierda totalmente su calidad de vida y autonomía como individuo. ¡Pero hay casos reversibles!

Cuanto antes se haga el diagnóstico, mayores serán las posibilidades de curación.

Entonces, descubra más sobre este tema ahora.

Demencia senil: que es, como se manifiesta y a que edad

Es común una cierta caída en el rendimiento cognitivo como resultado del envejecimiento. Esto es parte del panorama del envejecimiento saludable. Sin embargo, a veces este deterioro cerebral puede ser más agresivo y señalar una demencia senil.

Esta condición, que no es una enfermedad sino un síndrome, engloba varios síntomas, como pérdida parcial o total de la memoria, dificultad en la coordinación motora y localización espacio-temporal, así como problemas de razonamiento y lenguaje.

Suele manifestarse a partir de los 65 años, de forma gradual pero continua.

Puede ser reversible o irreversible, según la causa.

Los tipos de demencia senil

Cuando el individuo atraviesa un leve deterioro cerebral, que le hace, por ejemplo, olvidar fechas o que planeó algo, notando una lentitud en el razonamiento y una dificultad para aprender cosas nuevas, probablemente se trate de un envejecimiento saludable.

Se espera que con el paso de los años las personas disminuyan un poco sus capacidades cerebrales. Sin embargo, puede suceder que estas pérdidas sean más importantes, pero no tan agresivas como en los casos de demencia. Cuando esto sucede, se trata de un deterioro neurocognitivo leve, en el que el individuo sigue siendo capaz de ejercitar las funciones cerebrales, aunque con dificultad, manteniendo la autonomía.

Finalmente, cuando este deterioro neurológico es tan significativo que compromete la calidad de vida y la independencia del anciano, se trata de un caso de demencia senil.

¿La demencia senil y el Alzheimer son lo mismo?

El Alzheimer es solo una de las enfermedades que pueden incluir la demencia senil. El Alzheimer es una enfermedad neurológica, una de cuyas consecuencias es la demencia. Muchas otras enfermedades, como los accidentes cerebrovasculares recurrentes, los síndromes neurológicos como la enfermedad de Parkinson y la esclerosis múltiple, así como los tumores, el VIH, la hidrocefalia, la encefalitis viral y bacteriana, pueden culminar en graves pérdidas neurocognitivas.

Demencia senil: las etapas

Uno de los primeros signos de que la demencia senil puede estar ocurriendo es cuando la persona mayor comienza a tener un deterioro significativo de la memoria, olvidando tareas simples que tenía la intención de realizar, o incluso cómo realizar dicha actividad, como atarse los zapatos.

También puede perder la noción del espacio y el tiempo, no reconocer lugares, olvidar el orden cronológico de las cosas, preparar, por ejemplo, el desayuno a la hora de acostarse, etc.

También hay un cambio considerable de humor, que puede volverse irritable o pasivo.

Lo más importante es recordar siempre cómo era la persona antes para hacer la comparación. Y, lo más importante, es llevarlo a un especialista, que sabrá hacer la valoración correcta de la afección.

Demencia senil: tratamientos

El tratamiento de la demencia senil dependerá mucho de la causa. En algunos casos, es posible revertir la condición con solo tratar la enfermedad que dio origen al problema, como en casos de deficiencias nutricionales, depresión, hipotiroidismo, entre otros.

Sin embargo, a veces, cuando el problema se origina en trastornos neurológicos, el tratamiento se realiza con el fin de brindar una mejor calidad de vida a los ancianos, pero en general no se revierte la afección.

Se pueden utilizar antidepresivos, neurolépticos, estabilizadores del estado de ánimo e inhibidores de la acetilcolinesterasa.

Las terapias también pueden ser de gran utilidad y, principalmente, el apoyo de las personas más cercanas y una acogida por parte de la familia, ya que las personas mayores se vuelven muy vulnerables y frágiles ante la enfermedad.

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